25 noviembre 2010

¡Te juro que me lo contaron!... o, ¿Te lo recontra juro…? (1° parte)

 Me lo dijo Laurita, por Internet; por eso creí que esta historia merecía un espacio en este blog.

¡Pobre Laurita! No sabés lo que le pasó. Resulta que un día, Laurita se sintió molesta. Pero no molesta así nomás: realmente molesta. La gente la veía rara. Tenía mala cara, le costaba moverse, llegaba tarde a todos lados. No era Laurita; no. La Laurita puntual, que se esforzaba por ser perfecta, atenta, siempre dispuesta a correr a donde fuera para lo que fuera, un día cambió. Desapareció.

Los signos, al principio, fueron leves, casi imperceptibles. Si por accidente una hoja se deslizaba de su escritorio al suelo, en lugar de levantarla veloz, pedía a quien estuviera cerca que por favor se la alcanzara. Ya no se mostraba tan solícita al momento de ir a buscar el café para sus compañeros de oficina; y su sonrisa asomaba tímida, como forzada.

Con los primeros fríos llegaron los estornudos y detrás de ellos un penoso “¡Ay!”, al que siempre proseguía una fiel lágrima espontánea. Escudada en el cansancio dejó de asistir a la mayor parte de sus actividades y se recluyó en la intimidad de su casa.

Estaba irreconocible. Cada vez que abría la boca era para proferir las excusas más inverosímiles acerca de su conducta. Hasta que una noche, así como el pez por la boca muere, su buena imagen fue ametrallada por su cavidad bucal también:
-¡Me duele el culo! -dijo en un grito desesperado y con toda su cara arrugada.

Mirá a Laurita…


Esta historia continuará…

1 comentario:

Diegote dijo...

Jajaja impecable!!!
La re banco a Laurita eh!